lunes, 20 de junio de 2016

Mi historia


     

Una tía me desrizó el cabello cuando tenía 13 años. Recuerdo que me dijo: “con este producto el cabello siempre te quedará así”. Ahora creo que olvidó decirme que eso sucedería siempre y cuando me pasara el secador o la plancha. Por Supuesto, el desconocer ese dato importante me hizo lavarme la cabeza ese mismo día y para mi sorpresa…. Taráaaaaaaaaaaan mis cabellos parecían flechas y yo no entendía qué me estaba sucediendo. El sentimiento de frustración era tan fuerte y ese día me sentí fea. Creo que fue la primera vez que sentí eso. De manera que regresé a casa de mi tía pero ésta no me explicó nada. Sólo volvió a secarme el cabello.
     Ahora bien, pasó mucho tiempo, con él mi crecimiento y la dependencia al derriz. mi cabello tuvo etapas fuertes que condujeron a la pérdida parcial y lo “menos significativo” eran las quemadas de cráneos, de orejas, el picor del químico,  los halones y la típica frase absurda: “para ser bella hay que ver estrellas”. Me parece que llegué a creer que era cierta.  Recuerdo que cada vez que iba a la peluquería miraba las revistas de mujeres blancas cabello liso que quería yo tener. Era así como una suerte de envidia, que me generaba el no tener el cabello liso que me hubiese gustado tener. Recuerdo también las frustraciones que me causaban ir a la peluquería y al salir toparme con la corriente de brisa fría, que terminaba esponjando mi cabello. Por supuesto, también recuerdo esos secados extraordinarios que me obligaban a dormir con un amarre en la cabeza que me provocaba asfixia. No miento… Realmente me asfixiaban.  
      Ahora bien, un día, a la edad de 38 años, y faltando sólo días para iniciar el nuevo año escolar; me estaba cepillando y al mirar el espejo me di cuenta de que era negra y de que mi cabello afro iba a ser siempre afro, independientemente de que lo desrizara o lo planchara. Claro está, eso fue una verdad muy dura que me enfrentó conmigo misma y volví a sentirme fea. Justo en ese momento, mientras miraba el crecimiento de mi cabello natural pensé en cortármelo todo, pero tenía miedo. Así que entonces me puse a investigar en la web y para mi sorpresa me encontré con otras mujeres que al igual que yo habían tomado conciencia de su propio ser y habían tomado acciones positivas. Pasaban los días y yo seguía investigando mientras mi cabello natural seguía creciendo, ahogado entre una buena cantidad de cabello procesado químicamente  y el día   12 de abril del año 2014  le dije a mi hermana, que no tiene ningún conocimiento de peluquería que me cortara el cabello desrizado y me dejara el natural.  Creo que es el mejor corte que le han dado a mi cabello.  Para mi sorpresa, conocí un cabello hermoso que se rizaba muy bonito.
        Es pertinente resaltar, que en ese proceso de crecimiento personal, yo creía que había aceptado mi cabello totalmente, pero no era así, había estado tratando de ahogarlo, haciéndole  duenzas (moños de dos) porque me lo domaban o estilizaban. Es decir, había instaurado en mi rutina una nueva modalidad de esclavitud, porque había dejado  de aplicarme químicos y de hacerme secados semanales para ahora pasar una hora semanal haciendo moñitos. Por supuesto, es en ese momento cuando me doy cuenta de que aún no había aceptado mi negritud.  Es así como un día decidí lavar mi cabello, dejarlo secar y salir a la calle. Encontrando como respuesta que a algunas personas les gustaba mi cambio pero a otras les causó rechazo. Por supuesto, quienes se mostraban más intolerantes a aceptar mi cabello eran los hombres. Sobre todo si estaban reunidos en alguna cuadra y habían más de dos. Claro está, en este proceso de crecimiento y auto aceptación debo darle especial crédito a mi esposo, quien me ha apoyado de manera incondicional. Aún recuerdo su felicidad y la frase que marcó el inicio de mi auto aceptación “ahora sí tengo  una esposa negra”.
Hay quienes dicen que aquí en mi Venezuela no hay racismo, no hay discriminación. Sin embargo, afirmo que si hay una discriminación exacerbada que se mimetiza en frases y acciones “inocentes” que a continuación explico. En días pasados me acerqué a una óptica con intención de comprar unos lentes de sol y la joven que me atendió me dijo  “le quedan bien pero le quedara mejor si se peinara” y su frase fue tan espontánea que me quedé pensando en lo irresponsables que algunas veces somos con el uso del lenguaje. Otro día, estaba buscando en una comercializadora de productos de peluquería un acondicionador sin siliconas y la joven que estaba al otro lado del mostrador me dijo: “señora, lo que usted necesita es un deriz y esos están del otro lado”… Por supuesto, también me han dicho frases con clara intención de molestar. Algunas como: “Ahí viene el piojo”, “péinate”, “¿te electrocutaste?”, “cabeza de pavo”, “desgreñada”, “¿te peinaste con un traqui traqui?”. Entre otras.

     En oposición a lo expreso con anterioridad quiero resaltar que la sensación de libertad y felicidad que siento al llevar mi cabello afro en toda su expresión no lo cambio por nada y estoy segura de que eso de llevar el cabello afro, rizado, natural no es una moda. Llevar el cabello natural es un estilo de vida que da apertura a una toma de conciencia del aquí y del ahora.