Una tía me desrizó el cabello cuando tenía 13 años. Recuerdo que me dijo: “con este producto el cabello siempre te quedará así”. Ahora creo que olvidó decirme que eso sucedería siempre y cuando me pasara el secador o la plancha. Por Supuesto, el desconocer ese dato importante me hizo lavarme la cabeza ese mismo día y para mi sorpresa…. Taráaaaaaaaaaaan mis cabellos parecían flechas y yo no entendía qué me estaba sucediendo. El sentimiento de frustración era tan fuerte y ese día me sentí fea. Creo que fue la primera vez que sentí eso. De manera que regresé a casa de mi tía pero ésta no me explicó nada. Sólo volvió a secarme el cabello.
Ahora bien, pasó mucho tiempo, con él mi
crecimiento y la dependencia al derriz. mi cabello tuvo etapas fuertes que
condujeron a la pérdida parcial y lo “menos significativo” eran las quemadas de
cráneos, de orejas, el picor del químico,
los halones y la típica frase absurda: “para ser bella hay que ver
estrellas”. Me parece que llegué a creer que era cierta. Recuerdo que cada vez que iba a la peluquería
miraba las revistas de mujeres blancas cabello liso que quería yo tener. Era
así como una suerte de envidia, que me generaba el no tener el cabello liso que
me hubiese gustado tener. Recuerdo también las frustraciones que me causaban ir
a la peluquería y al salir toparme con la corriente de brisa fría, que
terminaba esponjando mi cabello. Por supuesto, también recuerdo esos secados
extraordinarios que me obligaban a dormir con un amarre en la cabeza que me
provocaba asfixia. No miento… Realmente me asfixiaban.
Ahora bien, un día, a la edad de 38 años,
y faltando sólo días para iniciar el nuevo año escolar; me estaba cepillando y
al mirar el espejo me di cuenta de que era negra y de que mi cabello afro iba a
ser siempre afro, independientemente de que lo desrizara o lo planchara. Claro está,
eso fue una verdad muy dura que me enfrentó conmigo misma y volví a sentirme
fea. Justo en ese momento, mientras miraba el crecimiento de mi cabello natural
pensé en cortármelo todo, pero tenía miedo. Así que entonces me puse a investigar
en la web y para mi sorpresa me encontré con otras mujeres que al igual que yo
habían tomado conciencia de su propio ser y habían tomado acciones positivas.
Pasaban los días y yo seguía investigando mientras mi cabello natural seguía
creciendo, ahogado entre una buena cantidad de cabello procesado químicamente y el día
12 de abril del año 2014 le dije
a mi hermana, que no tiene ningún conocimiento de peluquería que me cortara el
cabello desrizado y me dejara el natural.
Creo que es el mejor corte que le han dado a mi cabello. Para mi sorpresa, conocí un cabello hermoso
que se rizaba muy bonito.
Es pertinente resaltar, que en ese
proceso de crecimiento personal, yo creía que había aceptado mi cabello
totalmente, pero no era así, había estado tratando de ahogarlo, haciéndole duenzas (moños de dos) porque me lo domaban o
estilizaban. Es decir, había instaurado en mi rutina una nueva modalidad de
esclavitud, porque había dejado de
aplicarme químicos y de hacerme secados semanales para ahora pasar una hora
semanal haciendo moñitos. Por supuesto, es en ese momento cuando me doy cuenta
de que aún no había aceptado mi negritud. Es así como un día decidí lavar mi cabello, dejarlo
secar y salir a la calle. Encontrando como respuesta que a algunas personas les
gustaba mi cambio pero a otras les causó rechazo. Por supuesto, quienes se
mostraban más intolerantes a aceptar mi cabello eran los hombres. Sobre todo si
estaban reunidos en alguna cuadra y habían más de dos. Claro está, en este
proceso de crecimiento y auto aceptación debo darle especial crédito a mi
esposo, quien me ha apoyado de manera incondicional. Aún recuerdo su felicidad
y la frase que marcó el inicio de mi auto aceptación “ahora sí tengo una esposa negra”.
Hay
quienes dicen que aquí en mi Venezuela no hay racismo, no hay discriminación.
Sin embargo, afirmo que si hay una discriminación exacerbada que se mimetiza en
frases y acciones “inocentes” que a continuación explico. En días pasados me
acerqué a una óptica con intención de comprar unos lentes de sol y la joven que
me atendió me dijo “le quedan bien pero
le quedara mejor si se peinara” y su frase fue tan espontánea que me quedé
pensando en lo irresponsables que algunas veces somos con el uso del lenguaje.
Otro día, estaba buscando en una comercializadora de productos de peluquería un
acondicionador sin siliconas y la joven que estaba al otro lado del mostrador
me dijo: “señora, lo que usted necesita es un deriz y esos están del otro lado”…
Por supuesto, también me han dicho frases con clara intención de molestar.
Algunas como: “Ahí viene el piojo”, “péinate”, “¿te electrocutaste?”, “cabeza
de pavo”, “desgreñada”, “¿te peinaste con un traqui traqui?”. Entre otras.
En oposición a lo expreso con anterioridad
quiero resaltar que la sensación de libertad y felicidad que siento al llevar
mi cabello afro en toda su expresión no lo cambio por nada y estoy segura de
que eso de llevar el cabello afro, rizado, natural no es una moda. Llevar el
cabello natural es un estilo de vida que da apertura a una toma de conciencia
del aquí y del ahora.
